Con el periodismo la ‘gente del común’ anda igual que los hinchas de fútbol. Esos que desde la sala de la casa donde ven el partido les dan instrucciones al técnico, a jugadores y al árbitro, y que los insultan cuando consideran que se equivocaron. Con un agravante: sobre el fútbol la ‘gente del común’ tiene cierto nivel de conocimiento; pero sobre el periodismo no y, algo peor —permítanme la cacofonía—, lo que hay es un desconocimiento de que se desconoce, lo cual hace de ello un fenómeno peligroso. Porque el fútbol no deja de existir por cuenta de los hinchas que se las dan de técnicos desde la comodidad del sofá, pero el periodismo sí está dejando de existir por cuenta, entre otras razones, de la falta de compresión de ‘la gente del común’ sobre qué es periodismo y, por ende, de su poca capacidad para defenderlo.
Esto se junta con el desprestigio por los errores cometidos por algunos colegas y medios que —al contrario de lo que pasa con otras profesiones— la ‘gente del común’ los entiende como la regla y no como la excepción. Es que llama la atención que ante ingenieros a los que se les han caído puentes y edificios, o ante médicos a los que se les han muerto pacientes por mala práctica, la ‘gente del común’ no ande por ahí cuestionando la relevancia del rol de la ingeniería o de la medicina para la sociedad. En cambio, basta que un periodista haga un reportaje, entrevista o columna que confronte el punto de vista de ‘la gente del común’ para que esta decida cancelar la suscripción, apagar la radio o la TV, o decir ‘hasta hoy te seguí’.
Y muchas veces esto pasa cuando la ‘gente del común’ solo ha leído un titular o cuando solo ha visto que el personaje entrevistado no es de su misma ideología política. Es como si un paciente se enojara con su médico porque le dice que aunque se sienta bien tiene que bajarles a las grasas y prepararse para una cirugía de alto riesgo. En este caso el problema es del paciente, no del médico; pero con el periodismo, el problema es de todas las partes: de la ‘gente del común’, que se enferma de desinformación; del periodista, que se queda sin campo para trabajar, y de la sociedad, que va perdiendo un bastión de la democracia: el derecho a la información.
Se me ocurre que con las noticias habrá que hacer lo de los supermercados, donde hay estanterías solo con comida saludable, para que los consumidores decidan si quieren llenar su carro de mercado con comida chatarra o si le ponen cierto balance a lo que le meten a su cuerpo. El problema es que con la información, una vez la ‘gente del común’ pone un pie en el ‘pasillo’ del contenido chatarra, el algoritmo la lleva a otros pasillos peores, donde pierde la capacidad de darse cuenta de que hay opciones diferentes y donde empieza a percibir como saludables ciertas chatarras disfrazadas de discursos efectistas que pintan la realidad como no es: en blanco y negro, sin matices, sin complejidades, sin diversidades, ¡que es justamente lo que debe mostrar el periodismo!, aunque esto demande mucho tiempo y concentración de la ‘gente del común’, e incluso aunque les genere mucho estrés.
Entonces, yo no sé si usted, lector, es ‘gente del común’, pero veo que ni a las personas más sofisticadas en el consumo de información les sobra este mensaje: el periodismo lleva por lo menos 15 años reinventándose y adaptándose, justo cuando las condiciones son adversas para hacer las inversiones requeridas para ello. Aun así, muchos medios y periodistas lo han hecho con maestría. Aun así, cada vez el periodismo está más en jaque, no pocas veces con la anuencia y otras por la indiferencia de la ‘gente del común’. ¿O les ha merecido alguna reacción que Milei les dijera “mierdas humanas” a los periodistas o que Trump vetara a medios de cubrirlo o que nuestro Gobierno les hable solo a medios amigos?
Claudia Isabel Palacios Giraldo