Carta a los soldados de mi país

Ustedes tienen la gran oportunidad de demostrar que se puede cumplir a cabalidad la misión de proteger al pueblo sin violar los derechos humanos.

Querido soldado (entiéndanse por soldado todos los hombres y las mujeres que hacen parte de la Fuerza Pública), te he pensado mucho en este último mes. Me pregunto cómo te sientes. ¿Estás feliz de tener un comandante en jefe que tomó posesión en un batallón?, ¿ha aumentado tu moral?, ¿el cambio abrupto de estrategia frente a la insurgencia te motiva? o… ¿quizá te produce una presión por resultados que te preocupa?

Claro, ¡qué bueno poder aplicar la fuerza legítima del Estado para que los delincuentes no se sientan a sus anchas!, pero te lo pregunto por aquella imagen que pasará a la historia: el Presidente caminando entre los cuerpos embolsados de miembros de grupos al margen de la ley. A mí, te digo, no me gustó. Me pareció algo innecesario, pero veo que, aun con los cuestionamientos éticos y morales que aquel hecho suscita, no hay acuerdo en que haya sido una violación del derecho internacional humanitario, que es la norma que determina los mínimos de la guerra.

En cualquier caso, ¿sabes qué?, lo que más me importa saber es qué te pareció a ti. ¿Te reivindica en alguna medida por la baja moral que dicen que imperó entre las tropas durante el pasado gobierno?, ¿te parece una forma razonable o desmedida de disuadir a quienes atentan contra la seguridad del Estado?, ¿te invita o no a regodearte con la muerte de los adversarios?, ¿alimenta o no lo que podría ser un espíritu de venganza ante quienes han asesinado a tus compañeros y amenazan permanentemente tu vida?

Querido soldado, no quiero ofenderte con mis preguntas. Sé que tu formación en DD. HH. es rigurosa y que eres ante todo un buen ser humano. Pero, luego de años de escuchar los testimonios de excompañeros tuyos ante la JEP, no dejo de preguntarme por qué tantos hombres que eran buenas personas respondieron a la exigencia de dar resultados incluso matando a inocentes y, peor aún, a cambio de unas medallas o de días libres.

Sí, estoy hablando de los ‘falsos positivos’, o ejecuciones extrajudiciales, que es como se les llama técnicamente. ¿Has visto lo que dicen tus excompañeros de cómo se rompieron sus vidas y las de sus familias por asesinar a 6.402 personas que no eran insurgentes? ¿Has visto los desgarradores testimonios de las familias de las víctimas? Si no lo has hecho, te recomiendo que lo hagas. Todo está en las redes de la JEP. Sí, ya sé que esos hombres que mancillaron el honor militar son menos del uno por ciento de la tropa, pero no está de más decirte que por nada del mundo, ¡óyeme bien!, por nada del mundo, debes caer ni en el riesgo ni en la tentación de repetir esa historia. Tú y tu generación tienen la gran oportunidad de demostrar que se puede cumplir a cabalidad la misión de proteger al pueblo colombiano sin violar los derechos humanos.

Y es que también me pregunto cómo procesas todos los otros mensajes que llegan respecto a la seguridad. Supongo que también supiste, por ejemplo, que el Presidente eliminó el requisito que limitaba el porte de armas para quienes tuvieran salvoconducto, y que has leído informes sobre la posibilidad de que este gobierno retire al país la Corte Penal Internacional.

Nada de eso me suena bien, ¿sabes? Pienso que en este país tuyo y mío, donde tantos no saben resolver los conflictos por las buenas, todo lo que se haga para minimizar la posibilidad de actos de violencia y la impunidad de estos debe ser bienvenido. Pero, y a ti… ¿qué mensaje te da eso?, ¿cómo incide en el cumplimiento de tus funciones?

Querido soldado, por si acaso el cambio de estrategia te confunde, ten presente esto: la Constitución no te obliga a seguir órdenes que vayan contra la ley, ni te exime de culpa si las sigues. Este, creo, es un insumo indispensable para estar firme por la patria.




Claudia Isabel Palacios Giraldo

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