Xenofobia pura y dura

Lo son las redadas migratorias en Estados Unidos, quizá no solo con propósitos electorales.

Aunque sé que estamos en los tiempos en que dato no mata relato, voy a empezar con tres datos para poder luego sustentar por qué concluyo que las redadas migratorias en Estados Unidos no son contra el crimen, ni contra el abuso de los servicios sociales, ni contra los bajos salarios y el desempleo de los nativos estadounidenses, sino xenofobia pura y dura, y quizá no solo con propósitos electorales.

Un análisis del Instituto Cato sobre la población carcelaria evidencia que el encarcelamiento de personas indocumentadas en Estados Unidos es, en términos per cápita, la mitad del encarcelamiento de personas nacidas en ese país: entre la población nativa hay 1.221 encarcelados por cada 100.000 habitantes, mientras que entre la migrante la relación es 612 por cada 100.000. Es decir, si bien no se pueden desestimar los delitos cometidos por migrantes, es un sofisma decir que sacando a los migrantes el país será necesariamente más seguro.

El segundo dato lo extraigo también del Instituto Cato, que concluyó en su reciente análisis sobre consumo de programas de asistencia social que “los inmigrantes consumieron alrededor de un 24 por ciento menos en beneficios de bienestar que los estadounidenses nativos. En 2023, el año más reciente para el que hay datos disponibles, los inmigrantes representaron alrededor del 14,8 por ciento de la población de EE. UU. y solo el 10,4 por ciento del total de beneficios de bienestar y derechos sujetos a prueba. Esto es un 53 % menos que los estadounidenses nativos”.

Y el tercer dato es el desempleo: mientras que en enero de 2025, cuando se posesionó Trump era del 4 %, un año después es de 4,4 %. Es decir, si de empleo se trataba, de nada sirvió la deportación de 622.000 personas en el primer año del segundo gobierno de Trump –por cierto, menos que en el último año de Biden, a pesar del aumento de los recursos para ICE– ni la autodeportación de 2,2 millones de personas, según cifras del Departamento de Seguridad Nacional, por cierto muy cuestionadas.

Entonces, ¿si no es por eso, por qué el encarnizamiento contra los migrantes? El propósito electoral se evidencia en que el discurso antiinmigrante ya funcionó para ganar elecciones. El 54 % de los votantes en las presidenciales de 2024 dijo respaldar ‘la mayor deportación de la historia’ que Trump prometió en campaña. Por eso, de cara a elecciones venideras, demostrar capacidad de cumplir esa promesa es una forma de hacer campaña, que en los estados con gobiernos demócratas –donde ha priorizado la redadas– funciona a manera de presión y advertencia. La xenofobia la veo en que el presidente solo está prestando atención a las críticas a su política migratoria ahora que le puede dejar de funcionar como estrategia electoral, debido a que las recientes víctimas mediáticas de sus funcionarios de ICE son dos nativos estadounidenses.

Mientras los muertos fueron las 32 personas no nativas que el propio ICE reconoce que fallecieron en 2025 bajo su custodia, y los detenidos fueron en un 75 % personas sin antecedentes penales, Trump no cesó de referirse a los miembros de esta agencia como héroes y patriotas, y a los migrantes como ‘lo peor del tercer mundo’, como lo hizo al aumentar las restricciones para el ingreso de nacionales de algunos países, o como ‘la gente más fea que he visto’, en alusión a los venezolanos que protestaron en EE.UU. por la extracción de Maduro. Frases de uso popular que en su momento generaron aplausos y risas, y que en la boca del hombre más poderoso del mundo alientan y legitiman –como ya se ha visto– la persecución a quienes tienen cierto color y rasgos o determinado acento. Eso es xenofobia, pura y dura, un motivador de algo tipificado por la ley estadounidense: los delitos de odio. ¿Alguien la aplicará?

Claudia Isabel Palacios Giraldo

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