Resultados para la esperanza

Los votos contra los extremos fueron significativos, lo veo en dos casos.

Los aspectos esperanzadores de las legislativas son chiquitos, pero reconocerlos es importante para que se potencien.

1. La abstención bajó. Sí, menos de uno por ciento y sigue siendo superior a la mitad del censo electoral, pero bajó. Seguramente porque las consultas movilizaron más gente que consultas anteriores, pero aun así cuenta.

2. Los votos contra los extremos fueron significativos, lo veo en dos casos.

A) El partido Verde duplicó su número de senadores. Creo que ese resultado se dio al margen de la afinidad programática con el partido, ya que, por cierto, de ese programa aún no se sabe mucho. Esos votos fueron los del no a los extremos. No solo a los extremos ya relacionados con uribismo y petrismo, sino incluso a los de posturas radicales dentro de la Coalición Colombia, como las del Polo, y específicamente la del Moir, que en su momento excluyeron a Clara López de ese partido.

No llamo a ingenuidades, quedaron muchos de los mismos; y es apenas obvio que la compra de votos, al estilo de la senadora electa Aída Merlano, no es una modalidad exclusiva de ella.

B) Los 1’537.000 votos de Marta Lucía Ramírez. Deliciosa revancha de esta honorable mujer contra el Partido Conservador, que hace 4 años, a pesar de ser ella su candidata, le hizo conejo con el apoyo económico y su maquinaria, y luego vociferaba que le había puesto los 2 millones de votos que sacó en la presidencial. No, señores, son de ella, no de las maquinarias azules. Era previsible el triunfo de Iván Duque, porque, con el respeto y admiración que le tengo, su éxito, hasta ahora, es “en cuerpo ajeno”. No obstante su muy destacada gestión como senador, aún no ha tenido oportunidad de demostrar que es más que “el que diga Uribe”. Dicho esto, porque conozco el gran ser humano que es, y la mente brillante que tiene, confío en que de llegar a la presidencia demuestre desde el primer día que no necesitará de credenciales uribistas, especialmente las teñidas de cuestionamientos e investigaciones en la Corte Suprema de Justicia. Pero volviendo a M. L. Ramírez, su votación, que seguro sería mayor si no es porque muchos le apuestan al voto útil y por eso se van con el que las encuestas dan por ganador, me dice que hay un país que valora la experiencia, que está listo para darle el más importante rol a la mujer y, de nuevo, incluso en medio de la derecha, no les apuesta a los extremos.

3. La aterrizada para el partido Farc. No se ha oído un análisis de alguno de sus futuros congresistas, que llegaron a pensar que sacarían un millón de votos. Se les cae el argumento de que su baja popularidad se debe a que los medios no les damos oportunidad de contar sus puntos de vista, o de que los encuestadores manipulan los resultados. Su pírrica votación de 52.000 votos a Senado no les hubiera alcanzado ni para un senador. Que no les quepa duda de que los colombianos rechazan su legado de sangre y horror, y de que, aun así, una buena parte de los ciudadanos aceptamos generosamente darles una participación política que no merecen. Ojalá, y por el bien de la democracia, en el cuatrienio que comienza se ganen humildemente esas curules con una gestión que no sea sorda al clamor nacional.

4. Los ‘Ñoños’ ganaron, pero menos que en 2014, o sea, van perdiendo. Y el partido Opción Ciudadana, conocido por reciclar a herederos de caciques electorales condenados por la justicia, desapareció del Senado.

No llamo a ingenuidades, quedaron muchos de los mismos; y es apenas obvio que la compra de votos, al estilo de la senadora conservadora electa Aída Merlano, no es una modalidad exclusiva de ella, pero al menos la justicia está obrando rápido. Además, la participación de las mujeres solo aumentó en dos senadoras y en una representante a la Cámara respecto a 2014, 20 % del Congreso en un país donde la mitad somos mujeres. A pesar de esto, creo que hay resultados para la esperanza.

CLAUDIA PALACIOS

Anterior¿Ser o no ser… votante?
SiguienteAborto y campaña