Ganar el debate sin debatir

El caudal electoral al que Iván Cepeda puede conquistar solo por decir que va al debate con condiciones es vital para dar la pelea en segunda vuelta.

Al momento de escribir esta columna las bizarras condiciones expuestas por Iván Cepeda para aceptar debatir con sus dos contrincantes más inmediatos me hacen pensar que no habrá debate. Veo la condicionada oferta –que llegó solo después de que Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella capitalizaran la negativa de Cepeda a aceptar un debate– como una estrategia para reafirmar la postura de no debatir, pero sin sufrir las consecuencias adversas de ello. Estrategia porque es el modo de coquetear con una porción de los votantes de centro y de centroizquierda a los que solo les falta un argumento para poder votar tranquilamente por Cepeda, a pesar de que él está más a la izquierda de lo que les gustaría.

Estos votantes necesitan esa señal dado que esta vez ven que sus opciones más afines no tienen chance, como es evidente por los bajos puntajes de Claudia López y Sergio Fajardo en las encuestas. El argumento que les da Cepeda al aceptar el debate con condiciones es que él no debe ser tan antidemocrático como el gobierno al que quiere darle continuidad, pues prueba de ello es que sí aceptó debatir, pero que no fue posible hacerlo por el rechazo a sus requisitos por parte de los candidatos a los que él califica como de extrema derecha.

Es decir, para el grupo de electores al que le apunta el candidato Cepeda con su aceptación condicionada a debatir, lo que hace imposible el debate no son los términos que él quiere imponer sino el rechazo a los mismos. Por si acaso, no sobra que quienes asuman este como un argumento cierto le den una mirada al reciente informe de The Economist sobre el Índice de Democracia, que muestra que en el gobierno al que Cepeda quiere darle seguimiento, Colombia cayó 13 puestos.

Retomo, ¿por qué digo entonces que Iván Cepeda gana el debate sin debatir? Porque este caudal electoral al que él puede conquistar solo por decir que va al debate con condiciones es vital para dar la pelea en segunda vuelta, más ahora que las encuestas mostraron un posible triunfo de Paloma o de Abelardo en ese balotaje.

De otra parte, la estrategia de aceptar un debate al tiempo que pone condiciones que lo hacen imposible, también funciona incluso si por alguna razón que aún no vislumbro sí se hace el debate, pues está claro que este candidato ya tiene un voto cautivo, que no le dará la espalda aunque le vaya pésimo en ese hipotético encuentro dialéctico.

O sea, en el peor de los escenarios, a Cepeda ir a debate ni le suma ni le resta. En cambio, para la candidata Paloma Valencia y para el candidato Abelardo de la Espriella, el debate es una plataforma para que los votantes de centroderecha decidan a cuál de los dos le dan boleta para pasar a segunda vuelta. Solo que si lo hacen enfrentados a Cepeda, ambos pueden crecer; mientras que si lo hacen únicamente entre ellos, la posibilidad de que se canibalicen es enorme.

Eso es justamente lo que podría ocurrirle a Cepeda si participan candidatos de centroizquierda en el debate y por eso no los quiere ahí. Del fuego enemigo puede recuperarse, pero del fuego amigo… quién sabe.

Nota: me parece una contradicción que en nombre del feminismo se minimice el valor que tiene que una mujer, cualquier mujer, llegue a una posición de poder. Si bien la afinidad política de la mayoría de las corrientes del feminismo es con las izquierdas, el feminismo en sí mismo es para que las mujeres podamos ejercer nuestros derechos en igualdad de condiciones que los hombres, entre ellos el de elegir, ser elegidas y gobernar. Desde luego, sería ideal que la agenda de las mujeres en toda su diversidad fuera prioridad en el gobierno de una mujer, pero ponerle esto como requisito a una candidata, más aún cuando las demandas del feminismo han sido manoseadas por políticos y partidos, me parece antifeminista. No obstante, hacerlo no justifica ninguna amenaza. Mi solidaridad con Ana Bejarano.

Claudia Isabel Palacios Giraldo

Anterior¿Será que estoy en la luna?