¿Y las mujeres qué?

Apreciada mujer que critica a las denunciantes de acoso sexual, si a usted le gusta que la morboseen, allá usted; pero sepa que nos hace retroceder.

Seguro por el título se están imaginando que voy a hablar de que las mujeres también acosan, porque sí, algunas lo hacen. El 23 % de las personas que acosan sexualmente son mujeres, según el reporte 2025 de Elsa (Espacios Laborales Libres de Acoso). Cifra condenable y nada despreciable, pero también la evidencia de que el problema de acoso es más un tema de hombres que ven a las mujeres como presas de caza antes que como seres humanos.

Dicho esto, explico a qué se debe el título de esta columna. Estoy realmente sorprendida por las reacciones de algunas mujeres respecto a las investigaciones por acoso sexual a dos expresentadores de Caracol TV y al director de RTVC. Digo algunas solo porque no son todas, pero en realidad debería decir muchas. Muchas, sí, porque siendo mujer me parece mucho que haya incluso una sola mujer que, aunque no haya sido acosada o no se haya sentido así a pesar de haberlo sido, no tenga la capacidad de reflexionar ante los testimonios conocidos y se limite a repetir la perorata de preguntar por qué no denunciaron antes, por qué se beneficiaron y ahora se hacen las víctimas, o por qué no antepusieron sus principios a sus ambiciones profesionales.

¿Les parece facilito que en un país en el que el desempleo femenino es en promedio 5 puntos mayor que el masculino, la brecha salarial es 7 a 27 % en contra de las mujeres, y las posiciones de liderazgo siguen ocupadas mayoritariamente por hombres, una mujer asuma las consecuencias de denunciar y probar que se siente acosada por recibir chistes sexistas, toques inesperados, besitos esquineados, comentarios morbosos y miradas provocativas?

¿Han pensado en lo que significa pasar años construyendo una carrera y un patrimonio mientras se lidia con jefes y compañeros de igual y hasta de menor nivel, haciendo todo tipo de maromas para ni caer en sus trampas ni rechazarlos, a fin de que no usen su poder en nuestra contra, como para que además nos exijan exponerlos?

Mientras el 90 % de las denuncias por acoso sexual se queden en la impunidad, no nos vengan a reclamar por no denunciar. Mientras denunciar provoque que en vez de ser reconocidas como profesionales destacadas lo seamos como “la acosada”, “la peligrosa”, “la amargada”, no nos exijan que revelemos nombres. Que algunas hayamos desarrollado habilidades para coexistir con los acosadores no quiere decir que esto sea un deber y que no podamos reconocer que esas situaciones truncaron las carreras de muchas.

Entonces, apreciada mujer que nos critica a las que les creemos a las denunciantes, usted no tiene la obligación de creerles ni de ser activista o feminista, pero por mera cultura general debería saber que a las mujeres que han dado este tipo de batallas les debe desde la posibilidad de votar hasta la de tener una cuenta bancaria. Atacar al feminismo es patear la lonchera… la suya y la de su descendencia. Si a usted le gusta que la morboseen y la manoseen, allá usted; pero sepa que hace daño, que nos hace retroceder a todas, que nos pone en peligro.

La invito mejor a pensar desapasionada y estratégicamente cuál es la postura que conviene tomar ahora que nos están respirando en la nuca las referentes de congéneres antiderechos de las mujeres, como la exsecretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos Kristi Noem, o la fiscal general de ese país, Pam Bondi.

Ojalá en Colombia no nos dejemos contagiar ni confundir por esas corrientes, por andar poniéndoles etiquetas y haciendo juicios a quienes defendemos los derechos de las mujeres. Solo basta pensar para ver lo evidente: lo que nos divide en lo político no es tan fuerte como lo que nos une como mujeres… o por lo menos no debería serlo.

Claudia Isabel Palacios Giraldo

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