Latinos del mundo, a por Europa

Así como el Viejo Continente puede ser nuestro as bajo la manga, Latinoamérica puede ser el as bajo la manga de Europa.

EE. UU. está dele que dele con que Europa está en declive. Lo dijo JD Vance en la Conferencia de seguridad de Múnich en 2025, al asegurar que la amenaza a Europa viene de adentro mismo del continente, por haber renunciado a sus valores; lo repitió en tono menos hostil Marco Rubio en la misma reunión versión 2026; y lo dice cada que se le ocurre el presidente Trump, como lo hizo la semana pasada en una rueda de prensa al referirse al Viejo Continente como un continente irreconocible y débil.

Y bueno, la verdad es que eso, con otro estilo –desde luego–, se viene diciendo desde Obama. Este les dijo a los europeos en 2016 que Europa ha sido en ocasiones autocomplaciente con su propia seguridad. Y yo me pregunto, como dirían las abuelas: ¿hacia dónde va el agua al molino? y, sobre todo, permítanme el coloquialismo: ¿qué pitos toca América Latina en este capítulo de la relación EE. UU.-Europa?

Para contestar estas preguntas consulté a personas de amplio recorrido y altos cargos en el mundo político, diplomático y del multilateralismo, europeas y latinoamericanas. Me reservo sus nombres porque las conversaciones fueron off the record, pero extraeré de ellas lo que me parece más relevante, dado el espacio de esta columna, para decirles (decirnos) a los latinoamericanos que espabilemos porque este es un momento de oportunidades para nuestra región y que, como sabemos, camarón que se duerme, se lo lleva la corriente

Sí, Europa tiene problemas: depende de Estados Unidos para garantizar su seguridad frente a la amenaza rusa, perdió significativamente competitividad frente a China y Estados Unidos, su población está envejecida. Pero, como dice una de mis fuentes, cuando Europa más ha avanzado es cuando más se ha sentido amenazada. Y, como dice otra, Europa terminó hace 30 años su fase de guerras e imperios, ahora debe encontrar su nuevo rol como potencia, con su característica diferencial frente a otras potencias: la multiculturalidad, que facilita unas cosas y complica otras. Y por lo que yo veo, Europa está en esas, solo que le toca acelerar.

El diagnóstico y la ruta de acción están en sendos informes de Mario Draghi y Enrico Letta, ambos de 2024, que propongo como insumo al hacer mi llamado a Latinoamérica. Nuestra región tiene algunas de las cosas que Europa necesita: gente más joven –aunque no por mucho tiempo– dispuesta a innovar y a correr riesgos, y fuentes de energía para dar y convidar. Y Europa tiene lo que por acá escasea: financiación. Esto último está en proceso con el Global Gateway, con el que se acordó invertir 10.000 millones de euros en proyectos de infraestructura para la región, pero no es suficiente.

América Latina y Europa, me dice un interlocutor, deben superar sus traumas y sus culpas. Por ejemplo, decidir hasta cuándo desde ambas partes vamos a ver a Europa como un grupo de cooperantes que paguen la deuda de la conquista y el extermino indígena; y del lado europeo, crear una narrativa identitaria continental, así como del lado latinoamericano y del Caribe, encontrar cómo hablar con una sola voz que represente a nuestros 33 países.

Me dirán que para eso están organismos como la Segib y la Celac-UE, sí, pero ante los retos que hoy enfrenta el multilateralismo por la incapacidad de los actuales líderes políticos de lograr una visión regional, es el momento de brillar del sector privado y la sociedad civil. Cambiemos el juego. Hablemos de tú a tú, que así como el Viejo Continente puede ser nuestro as bajo la manga, Latinoamérica puede ser el as bajo la manga de Europa. Y, entonces, en vez de tener que seguir las reglas del juego que nos quieren imponer, consistente en escoger como socio solo a Estados Unidos o solo a China, podemos apostarle a tener lo mejor de todos los mundos. Latinos del mundo, a por Europa.

Claudia Isabel Palacios Giraldo

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