Es con ustedes, señores

A propósito de los archivos de Epstein, ¿dónde están los hombres, que no se están pronunciado? ¿Acaso no se sienten avergonzados como género?

Apenas salieron los archivos de Epstein grabé un video para mi canal de YouTube en el que hice un llamado de atención a los hombres por no pronunciarse contundentemente en rechazo de los horrores que ahí se evidencian. Me cuestionaron algunos hombres, al parecer ofendidos porque se sintieron injustamente aludidos. Como procuro que mis contenidos sirvan para reflexionar y no para alimentar controversias que lleven a mayor polarización y desinformación, decidí quitar ese video de mis redes y darme un poco más de tiempo para pensar sobre ese tema.

Una semana después, ahora en esta columna, y con las horrendas revelaciones adicionales que día a día hemos ido conociendo sobre dichos archivos, decido reiterar lo que había dicho en mi video: ¿dónde están los hombres, que no se están pronunciado? Aplausos a los pocos que lo han hecho, pero, lastimosamente, son la excepción. ¿Acaso no se sienten avergonzados como género? ¿O es que creen que este es solo un asunto de los hombres que violan a menores de edad y de los que compran cuerpos de mujeres adultas?

Si así lo piensan, los invito a darle una miradita a la historia, que enseña que el final de varias de las atrocidades de la humanidad –y el comercio del sexo sí que lo es, aunque sea ‘el oficio más antiguo del mundo’– ha sido posible cuando también quienes no han sido las víctimas directas se suman a la lucha por acabar con ellas. Lo contrario es ser cómplices por omisión.

En vez de hacerse los de la vista gorda, aprovéchenlo para pensar en cómo identificar y eliminar los momentos comunes a la formación de la experiencia masculina que les dan carta blanca para ver a las mujeres como mercancía.

Si esta razón no les es suficiente, los invito a pensar que la mayoría de los hombres que aparecen en esos archivos son tipos que seguramente han sido sus referentes. De éxito: Bill Gates, Richard Branson, Elon Musk, Sergey Brin; de inteligencia: Noam Chomsky, Woody Allen, Larry Summers; de inspiración: Deepak Chopra; de fuerza: Ehud Barak; o que han votado o votarían por ellos: Andrés Pastrana, Donald Trump.

¿No vale la pena que esto lo usen para pensar individual y colectivamente como hombres en las implicaciones de tener esos referentes a la hora de expresar su masculinidad y de ejercer su rol en la sociedad? Porque si bien la aparición en los archivos no es per se una evidencia de haber cometido algún delito –que es lo que obviamente la mayoría de los mencionados ha salido a destacar para zafarse del asunto–, lo que importa no es solo si fueron pederastas o si pagaron por prostitución, sino las excepciones éticas que hicieron para tener algún tipo de relación con quien ya se sabía que era un depredador sexual o con su círculo cercano, hasta el 2005 porque era un ‘runrún’ y de ahí en adelante porque fue denunciado y condenado como delincuente sexual nivel 3.

Todos esos tipos que por décadas han hecho las reglas del mundo desde la política, los negocios y la intelectualidad tienen suficiente poder como para que les ‘resbalara no ser del parche’ de Epstein, pero consideraron que ser un traficante de mujeres era un detalle marginal, sin suficiente peso como para resistirse a que los contara entre sus amigotes. No estoy diciendo que quien no tenga poder está justificado para flexibilizar la ética, pero quienes lo tienen sí que pueden ceñirse a ella con mayor facilidad y sí que les compete la responsabilidad de dar ejemplo. Y a quienes están pensando que mi llamado es injusto porque en los archivos también aparecen algunas mujeres, creo que es claro que ellas son la excepción que confirma la regla. Este es un tema de hombres, señores.

En vez de hacerse los de la vista gorda, aprovéchenlo para pensar en cómo identificar y eliminar los momentos comunes a la formación de la experiencia masculina que les dan carta blanca para ver a las mujeres como mercancía, como adorno, o como algo al servicio de la consolidación de lo que muchos entienden como masculinidad: ser un acumulador de poder, incluso a costa de ser un depredador.

Claudia Isabel Palacios Giraldo

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