10 lecciones de las elecciones

Reflexiones sobre maquinarias, influenciadores, populismo y algo más.

1. Listas cerradas, partidos fuertes: a pesar del desprestigio y la atomización de los partidos tradicionales, la elección del domingo mostró que el sistema de partidos sí puede funcionar si se presentan como estructuras monolíticas, con liderazgos visibles, como el Pacto Histórico y el Centro Democrático, los dos más votados. Tanto funcionan las listas cerradas que del Pacto quedaron elegidos algunos investigados por corrupción.

2. Reinan las redes: a pesar de los influenciadores quemados, los que entraron reafirman que las redes reemplazaron a los medios de comunicación en la creación de narrativas. El Elefante Blanco, con el mismo cuento pero sin disfraz, seguramente no hubiera logrado curul. Cercanía + Autenticidad + Diferenciación = #merepresenta.

3. Novedad mata trayectoria: Daniel Briceño, el congresista más votado, se apoderó –con indiscutible autoridad– de la bandera anticorrupción, enarbolada en su momento por los ahora quemados Angélica Lozano o Jorge Enrique Robledo. Solo buen desempeño, desafortunadamente, no es suficiente.

4. Maquinarias, ¡presente!: varios clasificados de partidos como el Conservador, Liberal, ‘la U’, Cambio Radical, sin tener reconocimiento de la opinión pública, ni despertar emoción en redes, mantuvieron su curul. No digo que todos sean malos, sino que fue la maquinaria lo que les permitió ganar. Excepción, claro, Roy Barreras con su consulta.

5. Populismo mata tecnicismo: más plata en el bolsillo por la subida extraordinaria del salario mínimo tiene efecto tangible e inmediato en 2,4 millones de familias. Las consecuencias de esa medida en pérdida de empleos e informalidad son de efecto disperso, y no todo el mundo está en capacidad de relacionarlo con el aumento del mínimo.

6. Centro, el huerfanito: Claudia López ganó perdiendo. La votación de su consulta fue minúscula. El electorado castiga a quienes cambian de posición. Los antipetristas no le perdonan haber apoyado a Petro, y los petristas no le perdonan haberlo dejado de apoyar. Sergio Fajardo se midió sin participar. Sus candidatos se quemaron. No es suficiente no polarizar, hay que emocionar.

7. Juan Daniel Oviedo, gíreme ese trompo en una uña: puede ser el nuevo padre del centro según como se mueva respecto a Paloma Valencia. El reto es apoyarla sin ser su vicepresidente, para no ser visto ni como traidor al acuerdo de la Gran Consulta, ni como prestándose para maquillarla como candidata de centro. Aunque la fórmula sería el camino de concertación que necesita Colombia.

8. Acuerdo de Paz ya no es el tema: casi 6 millones votaron por la Gran Consulta, contra los extremos, a pesar de que, entre los 9 candidatos, unos apoyaron el acuerdo y otros no. La gente puede seguir amando u odiando el acuerdo de La Habana, pero tiene otras prioridades. Además, ya no estarán los ex-Farc en el Congreso.

9. Congreso, legitimidad legal, pero no social: aunque la abstención se redujo de 53 % a 49 % en Senado y de 50 % a 49 % en Cámara, casi la mitad de la gente decidió no votar. O no entienden el valor del trabajo legislativo, o no sienten que les mejore o empeore la vida, o no les importa. La ciudadanía enterrando la democracia.

10. Enigma por resolver: 1’600.000 personas votaron en blanco, no marcaron los tarjetones o anularon el voto, tanto en Senado como en Cámara. La cifra podría variar la composición del Congreso si esos hubieran sido votos válidos. El sistema electoral, que es excelente, podría hacer pilotos con analítica de datos para despejar ese enigma.

Claudia Isabel Palacios Giraldo

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