¿Será un ‘viejito o viejita pechocha’?

Es hora de que todos nos preguntemos cómo queremos el peluche que nos hable cuando estemos viejitos.

Hace unos cinco años fui invitada por el gobierno de Japón a un programa de conocimiento del país, que me llevó a reunirme con funcionarios públicos y con académicos en temas de mi interés, entre los cuales está el envejecimiento poblacional. Por eso una de mis visitas fue a un centro de atención de ancianos. Me impresionó entrar a una sala en la que estas personas interactuaban con gaticos y perritos de peluche que tenían movimiento, hablaban y miraban de forma enternecedora.

En ese momento esa escena me produjo tristeza y me pareció que poco tenía que ver con otros aspectos del país del Sol Naciente, como su gran desarrollo económico y su misticismo. Hoy, más documentada sobre los retos del envejecimiento poblacional -y ciertamente más viejita- veo ese momento con otros ojos; unos que me llevan a pensar que quizá muchos de nosotros pasaremos nuestros últimos años de vida conversando con un perrito robótico de peluche y que por eso más vale convertir en pragmatismo esa primaria sensación de tristeza.

Quizá mi abordaje suene a resignación, pero para quienes llevan ya algunos años estudiando lo que implica envejecer, es el abordaje correcto. No por nada la Academia Nacional de Medicina bautizó un evento que hizo hace pocos días como ‘Foro de Longevidad y Centenarios: La Oportunidad del Siglo XXI’. Diez destacados conferencistas presentaron magistralmente sus estudios, de los cuales compartiré algunos mensajes que me llamaron la atención.

  1. La vejez está marcada por la genética solo en un 25 %. El porcentaje restante depende de factores como actitud, estilo de vida, nivel educativo y relacionamiento social.
  2. Haber padecido hambre antes de los 15 años, tener baja escolaridad o haber permanecido en cama por un mes o más afecta la calidad del envejecimiento.
  3. El envejecimiento exitoso y saludable se marca desde la niñez, con la actitud hacia la vejez, y con un cuidado de salud que vaya desde la pediatría hasta la geriatría.
  4. El ciclo de vida “nacer, crecer, reproducirse y morir” ya no es real. Ahora se nace, crece, trabaja y aprende, trabaja y aprende hasta la muerte. Por eso las universidades pueden encontrar en los viejos los estudiantes que están perdiendo en los jóvenes. Esto es solo una de las oportunidades de la ‘economía plateada’. Los centenarios de hoy solo tienen, en promedio, 6,2 años de estudios.
  5. Las personas mayores que son jubiladas se enferman más que las no jubiladas. Hay que replantear la edad de jubilación y considerar políticas laborales para los mayores que no solo propendan por la productividad sino por la salud ocupacional.
  6. El envejecimiento es un proceso individual. Hay que proveer servicios y bienes según las diversas formas de vejez que la gente quiera tener.
  7. La percepción de salud de los viejos está más relacionada con sus emociones que con sus enfermedades. Entre los viejos, se suicidan 57 de cada 100.000 hombres; y 6,8 de cada 100.000 mujeres.
  8. Las personas que superan los 90 ó 100 años tienen menor incidencia de cáncer o sufren cánceres menos agresivos, y suelen morir por otra razón.
  9. La baja ingesta calórica, la dieta mediterránea y alta en espermidina, comer acompañado e intervenir en la preparación de los alimentos favorece una vejez saludable.

En Colombia hay unas 12.300 personas mayores de 100 años, 76 hombres por cada 100 mujeres. Y uno de cada 3 bebés nacidos en el año 2000 llegará a cumplir 100 años o más. Supongo entonces que es hora de que todos nos preguntemos cómo queremos el peluche que nos hable, entretenga y mime cuando estemos viejitos. Si le sigo pareciendo resignada o exagerada, por los menos hágase esta pregunta: ¿cómo quiero ser cuando tenga 100 años? Y claro, contéstesela bien en serio para que se dé cuenta de si lo que está haciendo hoy lo va a llevar a ser ese ‘viejito o viejita pechocha’ que seguramente quiere ser.

Claudia Isabel Palacios Giraldo

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