Pacto de caballeros

Si yo fuera hombre me preocuparía la pérdida de valor de algunas palabras que describen el género.

La investigación de la Superintendencia de Industria y Comercio a la Dimayor y a 16 clubes de fútbol y sus presidentes por lo que varios de sus miembros describen como “pacto de caballeros” es una evidencia del proceso de devaluación por el que pasan la palabra ‘caballero’ y sus derivadas. Caballerosidad, por ejemplo, en algunos casos se usa para encubrir comportamientos de acoso sexual o de trato condescendiente a las mujeres, y ya muchas no dudamos en denunciar y rechazar dicha peculiar forma de caballerosidad.

En el caso aludido, la palabra ‘caballeros’ lleva implícita un accionar ilegal, oscuro, que daña a otros, que se confabula para hacer el mal. Valga anotar que el uso de esa palabra no implica solo a personas que se reconocen como hombres. Basta leer la información recogida por la SIC, que revela que al menos dos mujeres participaron en dicho “pacto de caballeros”.

Califico como ‘evidencia de un proceso de devaluación’ la investigación de la SIC porque es sabido que no es nueva la práctica de hacer acuerdos ‘non sanctos’ para impedir que los jugadores de fútbol se cambien de equipos. Lo diferente es que ahora un ente estatal la investiga. Eso indica que el “pacto de caballeros”, que hasta hace un tiempo era un acuerdo aceptado y hasta bien valorado, hoy ya no lo es más. Pronostico que ese será el destino de todos los demás pactos de caballeros.

Advierto y subrayo que esta opinión no va en contra de los hombres como género y que no pretende meterlos a todos en la misma categoría. Hecha esa salvedad, debo decir que si yo fuera hombre estaría preocupado por la pérdida de valor de algunas de las palabras que describen el género.

Intuyo que esto puede sonar ridículo para muchos, pero lo digo con conocimiento de causa, pues como mujer sé lo que implica que la palabra que enuncia nuestro género se asocie con algo negativo o de menor valía. ‘Es mujer’ es una expresión a la que muchas veces de manera natural se le antepone un ‘pero’, y en ciertos contextos opera como argumento irrebatible para negar el acceso a un empleo, pagar menos salario, prestar menos atención o desvirtuar un logro. Por eso es que invito a los hombres a defender el valor de la palabra que describe su género, antes de que sea demasiado tarde.

La invitación es a que lo hagan en los nuevos términos en los que funciona el mundo. Hago la precisión porque veo que los códigos masculinos convencionales están provocando una reacción en defensa del honor de los hombres de esas que se miden con duelos a muerte, y por ahí no debe ser la cosa. El aumento de los feminicidios y de la violencia doméstica en general, de los grupos de supremacía blanca, y el surgimiento y desarrollo de grupos como Men Going Their Own Way muestran que algunos hombres están recibiendo el avance de las mujeres en autonomía y liderazgo como una amenaza a su existencia y bienestar, y están reaccionando con resistencia, irascibilidad y más violencia, como lo explica Michael Kimmel en ‘Angry White Men. American Masculinity and the End of an Era’.

Los grupos de masculinidades que desde la academia o el activismo trabajan por la equidad de género saben que la respuesta a la pregunta ¿qué es ser hombre? está asociada a conceptos como bravura, dominio, mandar, macho, guerrero, serio, proveedor. Así lo revela una encuesta contratada hace un par de años por la organización Gendes, de México.

Parecieran obvias esas respuestas, pero lo clave no es eso sino darse cuenta de que dichas palabras han ido perdiendo valor en el rumbo que está tomando el mundo. Por eso, la pregunta hoy es aún más pertinente. Volver a responder ¿qué es ser hombre? debería ser el primer paso de un nuevo pacto de caballeros.

Claudia Isabel Palacios Giraldo

Video lectura de la columna, lunes de la próxima semana.

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